Fredy Guzmán y Waijazz. Entre el ‘sentimiento’ andino y la ‘sofisticación’ del jazz

Waijazz‘, palabra formada por la mezcla de ‘wayno’ y ‘jazz’, es el nombre del proyecto de fusión que viene impulsando Fredy Guzmán bajo el seudónimo de ‘El Cóndor Feeling’. Egresado del Berklee College of Music, ha decidido venir al Perú para empezar a promocionar su primera producción musical en la que busca hacer una fusión entre la música peruana principalmente andina y el jazz, y que se lanzará oficialmente el 10 de septiembre en Mistura. Viene de estrenar tres videoclips, dos de ellos grabados en Cusco con el apoyo del maestro Jorge Choquewillka. Tuvimos la oportunidad de entrevistar a Fredy acerca del surgimiento de su propuesta, las nociones y experiencias detrás de ella, y lo que busca lograr a nivel de género y audiencias.

*FOTOGRAFÍA: Juan Pablo Aragón

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¿Cuándo y de qué manera surge la idea del proyecto Waijazz?

Cuando tenía 23 años y vivía en Nueva York, conocí a Lionel Loueke, ganador del Grammy y guitarrista de Herbie Hancock. Gracias a él me di cuenta de la importancia de la identidad porque es africano, y su estilo es tocar jazz pero con un acento africano. Al conocerlo y escuchar su música, me di cuenta que él se siente muy orgulloso de donde viene. Ahí fue cuando tomé la decisión de volver al Perú y sumergirme en la música peruana, viajar, siempre con la idea de hacer algo parecido a lo que él hace. Tomé clases con diferentes maestros, uno de ellos fue el maestro Kike Pinto. Yo ya tenía un arreglo del tema cusqueño “Valicha”, el cual había trabajado en el 2010 cuando estaba en Berklee, pero con él fui profundizando y cree una dirección, un camino. Luego de tomar clases con él, me metí a fondo a desarrollar y finalizar los arreglos porque me di cuenta que ya tenía algo interesante y único. Así fue como comenzó, en Nueva York tomé la decisión para sumergirme y acá hice la búsqueda.

¿Cómo contactaste con el maestro Kike Pinto, y cómo reaccionó frente a tu proyecto?

Estaba trabajando en la UPC como profesor de armonía y composición, y varios colegas me recomendaron contactarlo. A Kike le gustaba mucho los arreglos que yo hacía y me motivaba a seguir adelante, a componer y salir más allá de mi zona de confort. Me decía “Esta semana vamos a hacer un arreglo de un carnaval, esta semana vamos a hacer este otro tema”, y yo tenía que sumergirme en la música porque eran ritmos desconocidos. Tenía que escuchar bastante y presentar una idea o algo un poco desarrollado en una semana. Después de eso comencé a viajar. Fui a Cusco, a Ayacucho dos veces. Experiencias tremendas… fiestas patronales… y estaba sumergido con la gente del pueblo, veía cómo cantaban en quechua, todo el mundo se sabía las canciones de memoria. Era algo nuevo para mí.

¿Es solamente a partir de estas experiencias que moldeas tu actual propuesta?

Bueno, yo siempre tenía presente la influencia de lo andino por mi familia. Mis abuelos son de Huancayo, Andahuaylas y Cusco. Tenemos una casa de campo a la que siempre íbamos, desde lo cinco años me bañaba en el río, subía el cerro, comía cuy… y también desde antes de conocer a Lionel Loueke ya estaba escuchando a Raúl García Zárate. Ahí fue donde hice el arreglo de “Valicha”, agregándole lo que aprendía en Berklee, y de ahí vine al Perú. Agarré un poco más de estructura con las clases y comencé a componer, a escuchar más la música y después volví a los Estados Unidos con la idea de grabar el disco simplemente con un quinteto. Por ahí el maestro Oscar Stagnaro, un maestro peruano ganador del Grammy quien grabó bajo en el disco, me dijo “¿Por qué no lo llevas al Perú y le agregas unos colores peruanos?” Me pareció una gran idea, así que traje la sesión y a lo grabado en Estados Unidos le fui agregando líneas, matices, contrapuntos. Por ejemplo, al saxofón le puse una quena encima para que se escuchara un sonido más fusión. Después con los cantos, agregué versos y huapeos en quechua. Y así fue como se fue formando el proyecto.

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En tu página web describes a tu propuesta como una mezcla del “sentimiento andino” con la “sofisticación del jazz” ¿Por qué haces esta asociación entre el sentimiento con lo andino y sofisticación con el jazz?

Yo creo que la música andina se caracteriza por ser pura, porque es bien expresiva. Es como en Estados Unidos con el blues que es también bien expresivo, y se podría decir que tiene melodías simples, pentatónicas. Son pocas notas las que se tocan, pero lo que resalta es la manera como las notas están siendo tocadas. Siento que es lo mismo con lo andino. Normalmente son melodías pentatónicas pero los quiebres que le dan, todo ese sabor y el sentimiento que le ponen a la música, es lo más importante. Creo que lo mejor que se puede rescatar de la música andina es el sentimiento. Y el jazz pienso que se caracteriza por la improvisación, la creatividad, entonces hay varias opciones para expresar una idea con el jazz. Eso es lo que rescato de la música del jazz, la sofisticación, la armonía, notas cromáticas, cosas que más o menos están ausentes en la música andina. Por ejemplo, cuando grabamos el arpa y el violín fue un reto hacer que funcione, ya que en los arreglos hay notas cromáticas que los músicos andinos no suelen tocar. Pero lo logramos muy bien y cuando uno escucha la grabación ni siquiera se da cuenta porque suena muy natural, la mezcla de la guitarra eléctrica con el arpa tocando los mismos acordes, pero uno tocando las tensiones… suena muy bonito.

Otra cosa que llama mucho mi atención es cuando comentas que la música andina se ha escuchado solo en ambientes o espacios folklóricos ¿Para ti qué cosa son estos espacios folklóricos?

Con espacios folklóricos me refiero a centros culturales, festivales folklóricos… pero son raras las veces que uno escucha la música andina en hoteles de lujo, o en bares en Miraflores, Barranco. Ellos buscan más lo norteamericano, el pop, el rock, esas cosas. Entonces la idea con el proyecto es llevar la música andina con esta fusión a estos lugares, a hoteles, a festivales de jazz, festivales de ‘world music’ que como género tiene muy buena acogida y es muy popular.

Además de espacios como Miraflores y Barranco. ¿A qué otro tipo de audiencias te gustaría llegar?

Bueno, este es el comienzo, soy mil oficios ahorita. Yo soy mi propio manager, mi propio productor, mi propio promotor… así que estoy enfocándome en lo que ya conozco que son estos lugares, pero poco a poco quiero comenzar a viajar a provincia. Con el proyecto hemos viajado al Cusco por el ‘Inti Raymi’, fue un gran paso y quiero seguir viajando por el Perú. Primero enfocarme en el Perú para contar con el apoyo de mi gente, y después ir al extranjero. Contamos con tres videoclips del disco grabados en Nueva York, Machu Picchu, Paucartambo, Tinta, y en El Carmen, Chincha. Ahora la tarea que tengo es difundirlos y concretar el lanzamiento del disco. Ya tenía la música lista para ser grabada en diciembre del 2013, la grabé en Nueva York en marzo del 2014, y luego volví a Lima donde estuve componiendo y agregando instrumentos andinos como el arpa, quena, violín, y cantos en quechua hasta noviembre. Al acabar de grabar en noviembre, volví a mezclarlo a Nueva York y en febrero ya estaba lista la música. Ahora estamos en agosto y aún no encuentro el lugar adecuado para lanzar el disco… pero en eso estoy.

¿Qué tipo de reacciones has encontrado frente a tu propuesta de fusión entre lo andino y el jazz?

De todo. Por ejemplo, hace poco toqué un arreglo que hice del tema ayacuchano ‘Coca Quintucha’ para el maestro Manuelcha Prado, y me dijo que es la versión más moderna que ha escuchado del tema. Para mí fue un gran logro escuchar eso. En general ha sido positiva la respuesta. Claro que, por otro lado, siempre van a haber puristas que sienten que estoy distorsionando la música, pero ellos normalmente toda su vida han escuchado un tipo de música, y me imagino que no habrán sido expuestos a la música clásica, al jazz. Entonces es como hablarles en chino más o menos, y yo creo que la propuesta está hecha para gente que tiene la mente abierta y aprecia los dos mundos, el mundo norteamericano y el peruano en general, andino y afro-peruano.

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