“Los Jaukas” cada vez más cerca a estrenar su primer disco – Entrevista con Omar Ponce

El Ensamble de Música Altiplánica “Los Jaukas” con sus ya varios años de existencia es realmente único en su estilo y propuesta. Si usted algún día cae, de casualidad o a propósito, en un escenario donde se estén presentando solo abra los oídos, cierre los ojos y disfrute del viaje. Huayño pandillero, q’ajjelo, sikuri, ayarachi, kashwa, carnavales… nada se les escapa. Los Jaukas vienen profundizando en repertorios y sonoridades locales del altiplano puneño, y actualmente se encuentran grabando su primer álbum de estudio. Su director, el maestro ayavireño Omar Ponce Valdivia, nos dio detalles sobre las grabaciones y adelantos de lo que traerá este disco.

¿Cómo se concibió la idea de grabar este primer disco con Los Jaukas?

El grupo no había proyectado elaborar un disco. Ha sido un proceso de juntar un repertorio de canciones, y en los años que han pasado las orientaciones de estas han sido diferentes. En un inicio el objetivo principal del repertorio era la instrumentación, explorar las sonoridades. Luego al incorporar más instrumentos, la voz y los instrumentos de viento, el repertorio ha enrumbado para lados diversos. Integrar un charango de otra región, por ejemplo,  ya no tenía que ver  tanto con la instrumentación o la exploración sonora sino con aprender a tocar ese instrumento en acuerdo con el estilo propio de su música. Aun aprendiendo estilos diversos, había una consigna clara, era que todo el repertorio que se integre pertenezca a la expresión musical altiplánica.

La idea del disco ha surgido hace cuatro años cuando teníamos repertorio instrumental. Pensamos en una grabación “de recuerdo” y sin pretender grandes alcances. Hubo un tiempo en que la idea quedó estancada, aunque en el grupo germinaban otras inquietudes como componer, tocar músicas con aerófonos en colectivo, incluir la danza y el relato como parte de la performance, entre otras. La experiencia de haber realizado el disco de Edith [Ramos] ha tenido mucho que ver en retomar el antiguo ideal[1]. Es gracias al impacto que tuvo el disco de Edith en la comunidad migrante de Lima, y en la misma población puneña, que recibimos la propuesta de grabar un disco propiamente como grupo. Para entonces contábamos ya con repertorio, pero este no había sido planificado pensando en un disco. De inmediato hemos tenido que pensar en un concepto para este proyecto, en un título o un algo que diera sentido a lo que es elaborar un disco. Debíamos resolver disyuntivas como por ejemplo de qué manera la sonoridad tradicional que buscábamos sería coherente con un proyección “actualizada” de la música. Ha sido algo delicado perfilar una sonoridad general para el disco, y también proyecto qué es lo que quisiéramos transmitir con el mismo aún antes de elegir los temas.

Hablando un poco sobre Los Jaukas ¿Quiénes son los que integran actualmente el grupo?

Actualmente el grupo somos ocho integrantes. Los tres charanguistas fundadores son Christian Carhuancho, Huanko Barreto y Ronald De la Cruz, junto a ellos yo tocaba la guitarra en un concepto de “acompañamiento” a los arreglos que hacía para tres charangos. Ellos actualmente tocan también el chillador y la mandolina. Luego hemos llamado a Manuel Urbina, quien tocaba el guitarrón y fue posteriormente el guitarrista. Él es ahora guitarrista y guitarronista. Posteriormente, estando yo fuera de Lima por un largo periodo, ellos integraron a Braulio Choquehuanca quien toca extraordinariamente la guitarra y a Zenobia Bautista quien es especialista en sikus. Entre esos años llegó a Lima Edith Ramos, quien fue integrada como cantante del grupo y ahora es también instrumentista de charango chillador y directora vocal. La integración de Edith a Los Jaukas sincroniza con que retorno a Perú luego de seis años y así el grupo cuenta con ocho integrantes. En esta fase las voces son un potencial grande que tiene el grupo. Christian, Braulio y Zenobia son cantantes solistas, además de Edith, y cada uno de ellos cuenta con un timbre y una musicalidad especial. Las voces son ahora un elemento central en la expresividad del grupo, y tratamos que el disco contenga aportes significativos de la potencialidad de cada uno logrando una sonoridad colectiva.

¿Entonces quienes están directamente involucrados con la grabación del disco son solo ustedes ocho?

Musicalmente estamos involucrados los ocho integrantes. A más de ello hemos pensado convocar a otros músicos para alguna participación extra, la idea se ha concretado involucrando a dos músicos: Armando Becerra y Percy Bueno, a quienes convocamos para grabar el acordeón, cada uno para un tema específico por materia del estilo. Es decir que el disco tiene dos tracks con acordeón. Serán convocados también los músicos puneños Idel Mamani, José Ormachea y Daniel Iturry, así como Julio Díaz de Cusco y Miguel Ángel Ibarra de Santiago de Chile, todos ellos amigos entrañables del grupo para grabar un sikuri que será anexado a un track, a modo de ambiente festivo. Habíamos pensado en grabar temas de sikuri, tarkada o pinkillada conformando un colectivo con músicos allegados al grupo. Pero al paso del tiempo vemos que esta idea viene a ser otro proyecto, y se decidió que quedaría pendiente trabajar un disco con música de aerófonos nativos. Para ello definitivamente convocaremos a músicos que tienen una convicción por soplar las cañas, y que además compartan las conspiraciones del grupo. El objetivo del disco de ahora es plasmar la realidad musical en que estamos aquí y ahora.

Antes mencionó que al momento de concebir hacer el disco se habían interrogado sobre cuál sería el concepto guía. ¿Cómo ha intervenido eso al momento de definir los contenidos del disco?

Primero hicimos una lista de aproximadamente  treinta temas, de lo que ha sido difícil elegir solo quince. De los quince quedamos en que se incluirían catorce, entre ellos una composición de Christian. En el entusiasmo de planificar el disco llegaron más composiciones. Huanko, Manuel, Braulio y Zenobia propusieron sentidos temas, Edith también tiene los suyos. Sin embargo, era difícil lograr una concatenación conceptual y un balance estilístico entre las propuestas, en el  sentido que había que pensar el repertorio en términos ya no territoriales ni tanto étnicos. Menos aún en las  “típicas” ideas dicotómicas sobre un mundo o indígena frente a otro mestizo, o sobre lo quechua frente a lo aymara, o sobre un idea de tradición opuesta a otra de modernidad.

Necesitábamos un concepto que fuera transversal a la vida del poblador altiplánico. En esa búsqueda divisamos que el poblador altiplánico o Qolla ha sido históricamente un itinerante, su estadía en un lugar es siempre provisoria y además providencial, el Qolla es sustancialmente un ser emigrante y emprendedor. Por otra parte, lo que se dice sobre el Qollasuyo es que no solo abarcó una cultura sino que fue la coexistencia de varias culturas. Bajo esta idea planificamos que el auditor del disco logre  transitar sonoramente por lo que sería el mundo altiplánico. Escuchar el disco deberá ser como habitar varios espacios, ritmos, sensaciones y sonidos, todos diferentes.

Es difícil dibujar este proceso en términos etnográficos pero la idea que aparece clara es que el disco debiera dar cuenta de la diversidad musical del altiplano. Para lograr esto hemos tratado de equilibrar géneros musicales, conformaciones instrumentales y estilos interpretativos. Observamos que teníamos más música aymara, había una prevalencia de q’ajjelos, huayño pandillero, huayño y temas sikuri, en menos proporción en cambio teníamos música quechua. Decidimos entonces potenciar los estilos musicales  de sonoridad quechua e incluimos un ayarachi, algo de kanchis y un carnaval. Llegamos a contar siete géneros diferentes en esta fase. También fue un criterio privilegiar los géneros musicales menos conocidos. Con ese criterio hemos replanteado el repertorio del disco y hemos incluido recopilaciones de la música de kashwa de Capachica, que tiene rasgos muy particulares en cuanto a la forma de cantar, de concebir el ritmo y de tocar el charango.

¿Entonces, cómo se ha quedado en esta planificación de contenidos?

En la planificación contábamos quince temas. Ahora, debido a las dificultades del año pasado tenemos solo ocho temas grabados. Este año hemos  reducido la cantidad de temas. Por ejemplo en cuanto a las composiciones, no estamos seguros que se logre la seguridad que ya existe en otros temas del repertorio. La interpretación es algo más que el arreglo, que la lectura musical y que la depuración técnica, es un convencimiento y una vivencia que se transmite con seguridad. Ello implica un proceso de maduración en cada tema. Más interesante que elaborar música solo para el disco, es grabar la música que ya hemos concretado y vivenciado. Con esa idea hemos retomado temas que habían quedado fuera de la planificación. Entre estos hemos reconsiderado el primer tema que tocamos al fundar el grupo, Jawir qalita, que más que una búsqueda de complejidad, el grabarlo es una experiencia muy significativa. Así el disco tendría doce temas, o tal vez trece…

Algo que nos llama mucho la atención es que no son solo canciones, instrumentales o cantadas, lo que hay en este disco, sino que también se incluyen unos relatos o fábulas.

Las tomaremos como fábulas pero son canciones aymaras que narran sobre algún animal, dando a comprender su importancia en una determinada circunstancia de la vida. La canción del gorrión brujo, por ejemplo, consiste en que el cantor pide concejos al gorrión antes de cruzar un río pidiéndole adivinar su destino. En otra canción el cantor habla a un zorro preguntándole cómo logra hipnotizar a su presa, él quiere aprender esa virtud . Finalmente, la canción del canario es la voz de un cantor decepcionado que se personifica en este ave por ser libre e itinerante. Es frecuente en el mundo aymara que las canciones enaltezcan las virtudes de un animal y lo simbolicen con ciertas situaciones de la vida, el aymara asume de este modo que está aprendiendo de los animales.

Estas tres canciones harán un solo track. El arreglo esta pensado también en el acto performativo de tocar en público. Grabamos toques sueltos de trémolo, sonidos libres, un chillador afinando, improvisaciones de guitarra y otros elementos incidentales para componer una música de carácter minimalista que servirá de base al relato o fábula que hay antes de cada canto, de modo que cada relato es la remembranza de una experiencia que luego se traduce en canción. La obra es no solamente la pieza musical sino también la transmisión del significado cultural mediante la personificación de los músicos al cantar y relatar. Cada una de estas tres piezas es tocada por tres músicos, generando una rotación de los integrantes por el track no solo sonora, sino también visual. Esta obra es además un cressendo en que se van superponiendo los diferentes elementos musicales hasta llegar a un estribillo en que participan todos los músicos e instrumentos.

¿Es la misma idea del caminante, del Qolla itinerante, la que ha estado detrás de la inclusión de estas fábulas junto a la música dentro del disco?

Sí, justamente el acto de la itinerancia está orientada, influido o regido por el comportamiento de los animales, a los que los altiplánicos denominan “señaleros”. Al transitar de un lugar a otro uno no está abandonado a lo que llamamos “suerte”, sino que para cada paso la vida te puede mostrar señales de cómo proceder. Ese señalero puede ser la acción de un zorro, el vuelo de un pichitanka, la aparición de una flor, un río, una piedra, un árbol, una llovizna o todo de lo que puedes sensiblemente captar una señal, es decir, captar lo que la vida te indica. La vida del Qolla cantor está profundamente vinculado con la vida o comportamiento de las aves. Por ello canario, el pichitanka, el lequecho, el gorrión, la paloma entre otros son animales del mundo musical. En su canto el aymara lee con certidumbre los augurios y presagios.

Braulio Choquehuanca

¿Qué cosa es entonces lo que busca representar este disco a través de todos estos elementos?, tanto los géneros, como el tema de los animales y la idea de fondo del caminante.

Es difícil contestar esto. De hecho es en alguna medida una representación de la diversidad de expresiones musicales. Pero ese es solo uno de los lados. Lo representativo cumple ciertas funciones simbólicas en tanto estamos y vivimos en Lima… representar algo es un acto “artístico”. Pero particularmente, quizá porque vengo del altiplano, al producir y reproducir esta música experimento otra dimensión que no solo es la representación de aquello lejano o imaginariamente antiguo, sino también es el cúmulo de vivencias que se generan al cultivar esta música y su significado en el aquí y ahora. Soy un inmigrante, yo mismo puedo experimentar la presencia de un señalero, que en este caso puedo ser una vivencia urbana como un viaje, una gestión, un encuentro con alguien, en fin… transitar con la música es mucho más que la sola idea de “hacer arte”.

En el caso de  los integrantes del grupo, existe también una vivencia real con el Altiplano. En sus numerosos viajes ellos han logrado incorporaciones reales con la cultura como por ejemplo participar en la fiesta de Candelaria, tocar con conjuntos de sikuri o participar con alguna comparsa de danza. Junto a ello el viajar en bus con las típicas adversidades, haber experimentado la lluvia, el frío, entre otras vivencias… son realidades que han habitado y han dejado de ser cuentos o imaginación. Haber transitado estos caminos ha trascendido en su convicción por hacer de esta música su forma de expresión. Creo que este disco cuenta con un capital enorme en esa dimensión, porque el concepto del disco, del músico caminante y siempre itinerante, es un aspecto potente en la vida de cada uno de los integrantes.

Entonces es la representación de algo que no es ilusorio, no es algo romántico. Es algo efectivamente real pero que quizás, desde otro punto de vista, no es tan sencillo de ver y de compartir como algo cotidiano.

Claro. Sobre todo en materia de música o de cultura andina estamos expuestos a estas idealizaciones. El decir “yo traigo de allá el canto de mi abuelito”, el idealizar y contar un poco de la “tierna historia de allá” sin estar seguro que fue así… en fin, son discursos frecuentes en el ámbito de la llamada “música andina”. Pensamos que el disco debería transmitir no solo la sensación musical o la virtud artística o técnica de los músicos, sino algo que está mucho más allá. Deberá tener una carga interpretativa capaz de conmover a quien lo escucha, buscamos que un auditor pueda sentir algo emocionalmente fuerte!, que éste encuentre en nuestra música algo que tiene una vida, una existencia, una sonósfera y un continuo de sensaciones. La música tiene que transmitir algo más que las notas y el discurso verbal. Ello es algo difícil de lograr al producir un disco, más que planificación o representación discursiva parece ser materia de vivencia musical.

Edith Ramos

Finalmente, ¿Tienen ya algún nombre para el disco?

A un inicio habíamos pensado en “Herramienta de las Punas”, que es el título de una canción, idea inicial sustentada en que el grupo ha nacido de la práctica del charango, pues esta canción es una especie de icono del charanguismo altiplánico. Los últimos meses se ha diluido esa idea, porque siendo un título bastante significativo, sería por lo mismo demasiado convencional y con el tiempo lo hemos sentido poco original. Además habiendo cambiando la fisonomía del disco, la prevalencia ya no es del charango; aunque hemos grabado este importante tema y ha resultado uno de los más potentes, tomar su título para el disco no representaría lo justo. Últimamente han surgido interesante títulos, pero para evitar especulación los comentaremos cuando el grupo haya decidido uno.


[1] En 2012 el maestro Omar Ponce dirigió a Los Jaukas en la musicalización del primer disco de la cantante Edith Ramos, cuyo álbum se tituló “T’ikarisun”.

Comments: 2

Post a Comment